JOHN M. LIPSKI.

Catedrático de Lingüística en el Departamento de Español, Italiano y Portugués de la Universidad del Estado de Pennsylvania (Penn State), Estados Unidos. Ha ejercido la docencia en las universidades de Nuevo México, Florida, Houston, y en el estado de Michigan. Es especialista en dialectología, contacto de lenguas, los aspectos formales del bilingüismo, lenguas criollas y elementos africanos en el español y el portugués. Ha realizado investigaciones en España, en todos los países de Hispanoamérica, Brasil, África, Filipinas y varias comunidades hispanoparlantes dentro de los Estados Unidos. Además de más de 260 artículos, ha publicado los siguientes libros: Linguistic aspects of Spanish-English language switching; The Spanish of Equatorial Guinea; Fonética y fonología del español de Honduras; El español de Malabo; Latin American Spanish; The language of the Isleños of Louisiana; The speech of the Negros Congos of Panama; El español de América; El español en síntesis [con Eduardo Neale-Silva]; Varieties of Spanish in the United States; A history of Afro-Hispanic language; Afro-Bolivian Spanish, El habla de los Congos de Panamá en el contexto de la lingüística afrohispánica.

El chabacano es el español criollo más hablado y el único situado fuera del continente americano. Su origen sigue siendo fuente de discusión. Para algunos investigadores se encuentra en el criollo portugués llegado desde Mardica a través de Ternate. El autor expone las discusiones existentes sobre el papel del chabacano de Cavite como punto de intersección entre las diferentes variantes del chabacano y su influencia sobre el zamboangueño. El artículo es una selección de fragmentos de la conferencia impartida por el profesor Lipski en unas jornadas sobre el chabacano.

Chabacano is the only Spanish creole widely spoken outside the American continent. Its origins are still a source of controversy these days. For some researchers, it can be traced back to the Portuguese creole from Mardica through Ternate. The author presents the existing discussions about the role of Chabacano, the one from Cavite, as a meeting point among the different variations of Chabacano and its influence over the one spoken in Zamboanga. In this article we have selected excerpts from a lecture given by Dr. Lipski in a conference about Chabacano.

Ang chabacano ay ang magkahalong salitang espanyol at katutubong wika na pinakamalawak at natatanging sinasalita sa labas ng kontinente ng Amerika. Nanatiling sanhi ng pagtatalo ang kaniyang pinagmulan. Para sa ilang mga tagapagpananaliksik, nagmula ang chabacano sa magkahalong salitang portugues at wikang katutubo na nanggaling sa Marica sa pamamagitan ng Ternate. Ang manunulat ay inihahayag ang mga kasalukuyang talakayan tungkol sa papel ng chabacano, na nagmula sa Cavite, bilang pinagsalikupan ng mga iba’t ibang salin ng chabacano at ang impluwensya nito sa chabacano ng Zamboanga. Ang artikulong ito ay parte ng lekturang ipinag-kaloob ni Dr. Lipski sa isang pagpupulong tungkol sa chabacano.

Dialectos

Los dialectos del chabacano plasman algo parecido a un sentimiento ANTICRIOLLO en el que la lengua mezclada se retuvo para poder afrontar otras alternativas: una lengua única, ya fuera el español o la filipina. El gráfico muestra las rutas propuestas de evolución.

 

El chabacano de Cavite: en el centro del debate del lenguaje criollo

Fragmentos de una conferencia impartida en Manila
por el profesor John M. Lipski, The Pennsylvania State University (EE.UU.)

 

1. Introducción

El español criollo filipino, con sus variedades locales (ternateño, caviteño, zamboangueño, etc.) y conocido colectivamente como chabacano, es el idioma criollo más extensamente hablado de las lenguas criollas derivadas del español que siguen existiendo y el único que se encuentra fuera del continente americano. Aunque los dialectos chabacanos contemporáneos están bien documentados, su historia y evolución se encuentran en el núcleo del debate sobre los orígenes del lenguaje criollo. Entre los temas centrales están las posibles fuentes del criollo portugués (llegado desde Mardica hasta Ternate), el desarrollo de las variedades del chabacano en Cavite, y las contribuciones del chabacano de Cavite al chabacano zamboangueño. En todos estos debates, el chabacano de Cavite es el punto principal de intersección y el texto presente explora las contribuciones de las variedades del chabacano de Cavite a la comprensión de las lenguas criollas.

2. El registro «estándar»: De Ternate a Cavite/Ermita (hasta Zamboanga).

Aunque las manifestaciones contemporáneas del chabacano están bien documentadas, los orígenes siguen siendo inciertos, como lo son las relaciones genealógicas precisas entre las tres variedades más extendidas: Ternate, Cavite (y anteriormente Ermita), y Zamboanga (con su ramificación en Cotabato y Davao). Según la teoría más extendida y diseminada, propuesta primeramente por el académico pionero en lenguas criollas Ketih Whinnom (1956: capítulo 1), los primeros dialectos del chabacano surgen a mediados del siglo XVII, cuando un grupo de colonizadores españoles, conocidos como los mardicas (Nigoza, 2007, De Ocampo, 2007), dejaron la isla de Ternate en las Islas Molucas y llegaron al área de Manila para fortificar la posición española contra los ataques del pirata chino Koxinga. Estos recién llegados (tropas de guarnición y personal civil) fueron posteriormente reubicados a lo largo de la costa de la Bahía de Manila, alrededor de las actuales ciudades de Tanza y de Ternate, y aquí es donde se estima que los primeros dialectos del chabacano echaron sus raíces. Whinnom (1956) postuló que el ternateño fue el primer dialecto chabacano que se formó, sugiriendo por lo tanto que este criollo tiene raíces extraterritoriales, al descender de un criollo o lengua mixta franca basada principalmente en el portugués y formada en el siglo XVII en la isla indonesia de mismo nombre. El dialecto chabacano de San Roque en Cavite se formaría evidentemente algo más tarde a través de los hablantes de criollo ternateños y, presumiblemente, por las tropas que hablaban algo de español y una variedad de lenguas filipinas; este dialecto produjo a su vez una extinta ramificación en Manila, en las áreas de Ermita y San Nicolás. Whinnom (1956: 12) afirma que «[…] no podemos evitar la conclusión de que el caviteño es el actual descendiente del ternateño […] Pienso que no puede haber una duda razonable sobre el hecho de que el ternateño, si no es el ancestro del ermitaño, desempeñó un papel importante en su génesis». Por último, Whinnom sugiere que el chabacano zamboangueño podría tener un origen «semiindependiente» pero que también muestra rastros de la gramática del caviteño/ternateño. Finalmente, concluye que «queda claro que estos cuatro contactos vernáculos son en esencia uno y el mismo, descendiendo todos en mayor o menor medida del ternateño».

Aunque durante los últimos cincuenta años de estudios sobre el chabacano han aparecido algunas voces discrepantes, la relación genealógica ternateño >> caviteño/ermitaño >>zamboangueño ha dominado completamente y conforma el telón de fondo en la mayoría de debates. En esta genealogía propuesta, el chabacano caviteño desempeña una función de pivote como heredero directo del ternateño y como fuente principal del zamboangueño. (…)

6. Los primeros orígenes del chabacano: los mardicas

Las monografías recientes de De Ocampo (2007) y de Nigoza (2007) añaden más documentación a este relato de la llegada de los mardicas (y de algún tipo de portugués criollizado) a la Bahía de Manila a principios de 1633. Las observaciones de Batalha (1960) sugieren más que similitudes casuales con algunas lenguas criollas con base portuguesa, particularmente en Macao, añadiendo un apoyo indirecto al modelo «monogéntico» de relexificación portuguesa.

Siguiendo el trabajo pionero de Whinnom (1956), se ha supuesto generalmente que los mardicas trajeron a Filipinas un dialecto criollo ya formado, una mezcla de español y portugués, que a su vez era resultado de una lengua criolla portuguesa que presumiblemente ya se hablaba en las Molucas en el siglo XVI. En otras palabras, se afirma que el dialecto ternateño original era un dialecto criollo de base portuguesa que se relexificó con elementos del español y que posteriormente se extendió con la introducción de léxico y estructuras filipinas, siguiendo el éxodo español desde las Molucas hasta Manila.

Buena parte de las pruebas aducidas en favor de esta afirmación son circunstanciales, por el hecho de que se ha demostrado que las lenguas criollas con base portuguesa ya se hablaban con anterioridad a la formación de los dialectos chabacanos en la región de donde vinieron los mardicas; también hay evidencias lingüísticas que son el resultado de la comparación de los dialectos del chabacano con otras lenguas criollas hispánicas, pero esto a menudo se subordinada a los argumentos históricos. Casi todos los análisis empíricos de las lenguas criollas que buscan reforzar la hipótesis monogenética se han centrado en las lenguas derivadas del portugués (especialmente aquellas con un componente africano) incluyendo el papiamento y el palenquero afrocolombiano. A pesar de la sugerencia pionera de Whinnom de que el chabacano de Cavite/Ternate podría tener raíces extraterritoriales criollas portuguesas, se ha hecho poca investigación sobre los posibles elementos del portugués en el chabacano excepto por Lipski (1988).

Pero lo que tiene que ser demostrado irrefutablemente es la existencia previa de un dialecto español o portugués criollo unificado entre estos primeros colonizadores de las Molucas. A principios del siglo XVIII, el cura español Juan José Delgado (1882: 265) dijo de los «mardicas» de Maragongón «[…] ejercen el oficio de pescadores con el cual se mantienen y hablan propiamente tres lenguas, la suya natural que no han olvidado después de tanto tiempo, la tagala ó visaya, según donde tienen su residencia y la española con los españoles». Whinnom (1956: 4), Frake (1971: 224), Molony (1973: 402), e indirectamente Tirona (1924) creían que esta «lengua suya» hablada por los mardicas en aquella época en la que fueron transferidos a Filipinas era un portugués o español criollizado que se solidificaría más tarde en el chabacano ternateño. Aunque algunas lenguas mixtas portuguesas puede que hayan circulado por las Molucas en la época de la ocupación española de aquel territorio, es poco probable que fuera el «tercer idioma» traído por los mardicas a Filipinas. A principios del siglo XVIII un cura de España hubiera reconocido e identificado adecuadamente el portugués, independientemente de la reducción gramatical. En aquella misma época, un número relativamente pequeño (unas 200 familias) de mardicas inmersas en la colonia española de la gran Manila y las siete pretendidas familias mardicas establecidas en Ternate apenas hubieran sido suficientes para transmitir de manera intacta la lengua criollizada que hubieran traído con ellos. Estas palabras «mardicas» supervivientes hasta el siglo XX no tienen raíces que se puedan reconocer del español o del portugués (Tirona 1923), y recientes contactos entre los residentes de Ternate, Cavite y Ternate (Molucas) han producido una gran consternación a ambos lados ya que no hay en absoluto elementos léxicos reconocidos o elementos gramaticales compartidos en común (Tirona 1923, Nigoza 2007:1, y una comunicación personal). Los intentos por probar los últimos vestigios del idioma «mardica» en Ternate (véase por ejemplo Tirona 1923) dieron como resultado una lista de palabras de clara procedencia indonesia/malaya, sin rastros de elementos del criollo portugués. Por lo tanto, es al menos posible que el criollo portugués traído por los mencionados mardicas fuera mínimo, quizá consistiera únicamente en un puñado de elementos léxicos y es posible que también el uso de partículas aspectuales. Si, tal y como sugieren los documentos históricos, algunos de estos colonizadores hubieran sido musulmanes, su aislamiento de los residentes hispanoparlantes y de los tagaloparlantes hubiera acelerado la formación y solidificación de una temprana forma de chabacano en Ternate. También es concebible que un grupo pequeño de mardicas transferido desde Manila a Tanza, Maragondón y Ternate y que hubieran migrado más tarde a Cavite, hubiesen llevado con ellos construcciones criollizadas del español o del portugués, las cuales añadidas al flujo multilingüe que caracterizaba a Cavite y a Intramuros/Ermita se hubieran podido haber catalizado en una lengua mixta franca del español utilizada en estas regiones. Esto, sin embargo, difiere de las hipótesis de una relexificación completa del criollo portugués de las Molucas como fuente de los dialectos del chabacano de la Bahía de Manila.

7. El «bahra» ternateño es el dialecto chabacano más antiguo

El trabajo comparativo de Molony (1973, 1997a, 1977b) basado principalmente en los patrones fonéticos sostiene la hipótesis de que el ternateño es la lengua criolla con base de español más antigua en Filipinas, y el reciente estudio de Sippola (2006, 2011) no contradice esta propuesta (como tampoco lo hace Steinkrüger, 2007).

La reconstrucción interna de varios dialectos del chabacano sugiere que el ternateño ha conservado el mayor número de características del español del siglo XVII (cf. Molony 1973, Whinnom 1956, Frake 1971). Esta variante nos muestra tanto la pronunciación intacta del español del siglo XVII, no afectada por las subsiguientes evoluciones, como una deriva lingüística sin trabas, siendo a veces imposible separar por completo estas dos características.

 

Si Tito Chabacano

La lengua española traída a Filipinas experimentó una progresión unidireccional desde los registros de los marineros y soldados del siglo XVI (muchos de los cuales venían del sur de España, las Islas Canarias, o del Caribe; variedades en las que muchas de las consonantes se reducen con frecuencia), al registro de los soldados y trabajadores mexicanos (los cuales representaban una variedad del español con una fuerte articulación consonántica) hasta el registro de los aristócratas castellanos, los cuales poseían el registro de las últimas generaciones de oficiales e inmigrantes españoles (…). El dialecto caviteño muestra algunas formas que representan evidentemente una evolución fonética con respecto al ternateño. Desde el punto de vista de los hechos históricos y lingüísticos, el primer dialecto chabacano que se estableció en Filipinas era el hablado por los mardicas en las áreas de Ternate y de Tanza, quienes cesaron su comunicación diaria con los españoles y con las otras comunidades chabacanoparlantes en una fecha temprana. Hasta fechas recientes, la influencia de los tagaloparlantes fue mínima en el dialecto ternateño, a diferencia del caviteño, el cual estuvo en contacto con el tagalog desde el principio e incorporó muchos elementos de dicha lengua, tanto léxicos como morfológicos. La ciudad de Cavite también contaba con una base naval y unas instalaciones militares importantes que se extendieron posteriormente hasta la Isla del Corregidor, y el contacto entre los caviteños y los hispanoparlantes residentes en Manila fue frecuente. Por último, hubo presencia peninsular española en Cavite durante el siglo XIX, lo que provocó la introducción de formaciones más modernas en el dialecto caviteño, complicando por tanto la relación entre el caviteño y el ternateño, difícil de demostrar siguiendo puramente factores lingüísticos. No debe olvidarse que aunque el chabacano de Ternate demuestra haber retenido formaciones léxicas del español más antiguas, este hecho por sí mismo no concluye que el ternateño se conformó con anterioridad al caviteño. Durante el final del periodo colonial, la ciudad de Cavite fue el hogar de muchos hablantes nativos y seminativos del español. Esto se debía a la presencia de una base naval así como a la proximidad con Manila. Así pues, si se tiene en cuenta el hecho de que la mayoría de hablantes de caviteño tenían también un español fluido, incluso en la segunda mitad del siglo XX, esto le permitiría al caviteño tomar elementos derivados del español a configuraciones lingüísticas más modernas, incluso si las formaciones originales podrían ser tan arcaicas como las encontradas en el ternateño.

8. Los orígenes del zamboangueño

Los orígenes del chabacano zamboangueño son menos conocidos incluso, aunque todas las teorías disponibles implican la mezcla de lenguas habladas por soldados y obreros en la guarnición militar española de Zamboanga (véase por ejemplo Frake, 1980: 43; Lipski, 1992). A pesar de que la primera colonia en Zamboanga data de 1635 (la primera misión española data de 1593 y se estableció una pequeña base militar en 1598), el fuerte se abandonó en 1663 debido a la amenaza de los ataques piratas.

Así pues, se estima que el chabacano zamboangueño habría emergido después de la reocupación española de la ciudad en 1719 y con la llegada de una guarnición de tropas y obreros de varias regiones de Filipinas.

No obstante, (Gómez Rivera 2002: 127) sugiere que el chabacano zamboangueño comenzó con la construcción del primer fuerte en 1635.

El zamboangueño comparte muchos elementos gramaticales con los dialectos del chabacano de la Bahía de Manila (…). Algunos de estos elementos pudieron haberse transferido directamente al zamboangueño, por ejemplo a través de marineros y tropas de las instalaciones militares de Cavite (véase a este respecto lo sugerido por Camins 1999: 3-4, Grant, 2002 y Maño, 1961: 54) mientras que otros ya estaban presentes en el habla extranjera española utilizada por toda la Filipinas colonial (Lipski, 1992, 200, 2001, 2010). Es bastante improbable que el zamboangueño sea el simple resultado de la simplificación deliberada de la lengua de los colonizadores para comunicarse con los obreros traídos para construir el fuerte, tal y como lo sugiere Malcampo (2007: 124, 126). Por otra parte, también hay pruebas de que el zamboangueño no es una versión meramente transplantada del caviteño, sino que es una lengua de contacto que independientemente de su procedencia original se forjó en su forma actual en la guarnición de Zamboanga, entre soldados y obreros que hablaban mutuamente lenguas filipinas ininteligibles aunque estructuralmente muy congruentes. Dichas lenguas, ya estaban muy impregnadas de elementos léxicos españoles. Según la información disponible, el zamboangueño ha sufrido varias fluctuaciones similares a las del caviteño, el español, y la mayoría de las lenguas Filipinas respectivamente (Lipski 1992).

9. De vuelta a Cavite: ¿es el caviteño un ternateño transplantado?

A pesar de que algún tipo de lengua criolla española puede haber existido en Filipinas en el siglo XVII, cualquier reconstrucción histórica es complicada por la falta absoluta de cualquier documentación fiable anterior a las décadas finales del siglo XIX. Durante el régimen español, desde la expedición de Legazpi en 1565 hasta 1899, no hubo conocimiento de ninguna lengua mixta franca o lengua criolla española estable en Filipinas. Las aproximaciones al español de un nativo filipino o un mercader chino eran vistas con condescendencia y se les daban designaciones burlonas como español de cocina, español de tienda y español de trapo. En algunos textos literarios de finales del siglo XIX y principios del XX, aparecieron ejemplos de un lenguaje estructurado consistentemente similar o idéntico a las variedades del chabacano de Cavite (Bahía de Manila) pero eran considerados implícitamente muestras de la incapacidad de los Filipinos de adquirir un español «correcto» (…).

Fernández (2011) expone que una comunidad pequeña y aislada de los mardicas en Ternate podría haber propagado una forma previa al chabacano de Cavite/San Roque y de Ermita/Manila. Fernández también analiza un texto de Tayabas que se asemeja al caviteño, una región donde la inmigración de Ternate y Cavite es claramente improbable, como lo es la inmigración de hablantes de ermitaño del área de Manila (Mondragón 1889: 163-166). Fernández sugiere que lo que a menudo se tildaba como español de cocina se extendió más en la parte central de Luzón con diferentes grados de mezcla con el español no criollo. Más que verse abocado al confinamiento de algunos barrios (como el de Ermita) o ciudades (como la de Cavite), Fernández sugiere que se conocían y utilizaban construcciones criollas por parte de una amplia mayoría de filipinos, posiblemente de habitantes que en ciertas circunstancias pudieran comunicarse con fluidez en español. También postula que los chinos mestizos, conocidos como sanglayes, se convirtieron en vectores de transmisión de elementos criollos españoles yendo más allá de los enclaves tradicionales de hablantes de chabacano. Sus aproximaciones al español (incorporando del mismo modo una segunda lengua que sufría también interferencias con el chino) les dotó del núcleo en torno al cual se formaron en la parte central de Luzón los subdialectos del chabacano.

Aunque hay muchas similaridades gramaticales entre el ternateño y el caviteño, también ciertas diferencias sustanciales separan al chabacano de Ternate del de Cavite (…). No hay razón para creer que los hablantes de ternateño alteraran radicalmente su sistema pronominal cuando se desplazaban solamente unos kilómetros; Fernández sugiere que si los hablantes de ternateño cambiaron finalmente los pronombres al ir a Cavite era porque estos pronombres ya se utilizaban en la variedad protocaviteña (…).

10. Planteándose nuevas preguntas: el chabacano como unión local

Fernández (2011) apunta a la presencia de características similares al chabacano fuera de las áreas en las que se habla actualmente el chabacano o estuvo presente históricamente. Al implicar a los mestizos chinos y a otros filipinos no europeos, sostiene que amplios sectores de la población filipina (al menos en el área de Luzón central) estaban familiarizados con el chabacano y en ocasiones incorporaban este idioma en sus propias aproximaciones al español.

Siguiendo esta línea de pensamiento y yendo incluso más allá, se puede plantear la pregunta inversa: en vez de suponer que algunas características del chabacano se filtraron fuera de los enclaves de Ternate, Cavite y de Ermita para llegar a segmentos más amplios de la población, ¿por qué estos enclaves chabacanos (incluyendo posiblemente a Zamboanga) no son el resultado de la fusión en estas comunidades de características similares a las del criollo que ya usaban muchos filipinos con algunos conocimientos de español.

 

Según esta perspectiva, la cuestión que debe resolverse es no solamente cómo y por qué las características del chabacano se difundieron hacia el exterior de Ternate y de Cavite sino más bien cómo y por qué una mezcla amorfa de español canónico, español como segunda lengua y el español mixto como lengua franca se fundieron en estas comunidades particulares.

El principal sustrato lingüístico tanto del caviteño como del ternateño es el tagalog. La criollización requiere normalmente de varias lenguas de contacto,

el resultado más lógico de un contacto entre el español y el tagalog hubiera sido o bien una lengua entrelazada o una segunda lengua española que actuara de interlengua.

La sintaxis del chabacano se desvía significativamente de la sintaxis tagala, más en concreto las párticulas preverbiales como di, ya, y ta que no tienen partículas homólogas en ninguna otra lengua filipina. Además, las entrevistas realizadas en el trabajo de campo con hablantes españoles que dominan el tagalog en Filipinas nos revelan pocos, o ningún aspecto criollo; aunque por otra parte, sí que se encuentran discrepancias entre el sujeto-verbo y la concordancia sustantivo-adjetivo, cierta confusión en las preposiciones, y un uso variable de los artículos definidos e indefinidos. Este giro sugiere que las estructuras sintácticas no surgen del mero contacto entre el español y el tagalog. Whinnom y otros proponentes de la hipótesis sobre la relexificación de base portuguesa proponen una especie de importación de criollo con base del portugués traído por los mardicas, mientras que Fernández se inclina por atribuirle al chabacano una gran influencia de los chinos mestizos. A esta última hipótesis la apoya el hecho de que la sintaxis de las lenguas chinas (en particular el sistema verbal) es más similar al chabacano que a la gramática tagala. Además, algunos inmigrantes chinos en Filipinas podrían ya estar familiarizados con el criollo portugués de Macao, cuyas similitudes con el chabacano ya se han constatado.

Además del texto folclórico de Tayabas y del uso de características similares al chabacano en Rizal y en otros eminentes escritores y académicos filipinos, hay una prueba adicional de que las características similares al criollo ya se utilizaban ampliamente por parte de los filipinos que tenían solamente un conocimiento parcial del español (…).

A finales del siglo XIX y a principios del XX los textos nos dan una muestra de muchas características del protocriollo en el español franco semimixto de los filipinos: cosa como partícula interrogativa, el marcador interrogativo ba, el uso de tiene y nuay, los verbos invariables, la pérdida de la cópula y de los artículos y el uso de la preposición na. Muchas de estas características ya las utilizaban probablemente muchos hablantes fluidos del español cuando tenían que «degradar la lengua» para hablar con filipinos que tenían menos fluidez y la ambigüedad de referencias al español, incluso en comunidades de hablantes tradicionales de chabacano como las de Zamboanga y Cavite demuestran que un amplio espectro de lengua franca mixta era aceptado como «español de Filipinas». Mis propias grabaciones de campo hechas en 1985 incluyen varias muestras de características similares al criollo en el nominalmente español no criollo utilizadas por bilingües que se expresan con semifluidez.

Todas estas pruebas muestran que los elementos del protocriollo estaban presentes en las aproximaciones de los filipinos al español junto al español canónico hablado por residentes nativos del español (…).

Independientemente de cómo entraron estos elementos indiscutibles del criollo en el mestizaje filipino, lo que queda por explicar es cómo y por qué los dialectos cohesionados del chabacano se desarrollaron únicamente en Ternate, Cavite (con ramificaciones en Ermita), y Zamboanga. Creo que dos factores conectados son las principales causas: la afirmación de identidad comunitaria, y el contacto e identificación con la lengua española. En Ternate predominaba la cuestión de la identidad como descendientes de los mardicas que alguna vez vivieron en un lugar remoto. Los ternateños desarrollaron un fuerte sentido de la identidad comunitaria que perdura hasta hoy en día. Aunque algunos ternateños aprendieron y utlizaron el español canónico, según todos los testimonios orales siempre hubo un fuerte sentimiento de orgullo por haber retenido una lengua única conocida como bahra o chabacano ternateño. Quizá no sea una coincidencia que de toda la minoría criolla filipina inmersa en las comunidades españolas, los ternateños hayan sido los que hayan tenido más éxito a la hora de mantener su lengua. Los antiguos dialectos chabacanos de Ermita, Davao y Jolo se han desavanecido (a excepción de unos pocos hablantes perdidos) y hasta hace poco el chabacano de Cotabato seguía la misma dirección aunque ahora se están efectuando esfuerzos por la revitalización del idioma. Los ternateños en Estados Unidos tienen equipos de softball en los que el chabacano ternateño continúa floreciendo.

En Cavite una combinación de identidad comunitaria y de contacto además del sentimiento de orgullo por utilizar el español dio como resultado en una lengua de fusión conocida como el chabacano caviteño. Hasta hace poco, la mayoría de los hablantes del caviteño también hablaban el español, y con frecuencia utilizaban ambas lenguas en sus conversaciones. Además de que los caviteños se han mostrado orgullosos de utilizar el español y una lengua similar a la española, hay que tener en cuenta la presencia de la base naval española que facilitó el uso del español en Cavite. Caro y Mora (1897) resaltaba que «Los de Cavite (el puerto) y San Roque […] hablan castellano, porque desde su fundación han mantenido asidua comunicación con soldados y marinos peninsulares». Muchos otros registros de Cavite describen al español y al tagalog como las lenguas de su comunidad.

Ermita también plasmó un fuerte sentido de la identidad del barrio, pero siguiendo la suerte de la presencia peninsular en Manila, en el siglo XX el ermitaño también desapareció, una ciudad en rápido desarrollo urbano terminó por eliminar lo que una vez fue una lengua floreciente.

El chabacano zamboangueño también parece haber emergido de la guarnición militar española utilizando denominadores comunes lingüísticos de muchas de las lenguas filipinas que tienen una estructura similar pero que son ininteligibles mutuamente. Ciertas características específicas criollas como son el uso de las partículas preverbales, pudieron llegar a través de Cavite, aunque buena parte del zamboangueño se desarolló con toda probabilidad allí. Sin embargo, la presencia de español no criollo siempre fue fuerte, especialmente a principios del siglo XIX y a comienzos del siglo XX muchos zamboangueños podían hablar español y combinarlo con el chabacano tal y como hacían sus compatriotas de Cavite. La identidad de los zamboangueños como habitantes de la «ciudad de las flores», la presencia de canciones en español (como por ejemplo «Zamboanga hermosa»), y más recientemente con la denominación de «la ciudad latina de Asia» además de servicios eclesiásticos en español reforzaron el fuerte imaginario comunitario con la identificación de la lengua española. A finales del siglo XIX, las lenguas filipinas centenarias centrales se convirtieron en la principal influencia externa del zamboangueño, seguido por el inglés, y hoy en día, el tagalog. Sin embargo, un número crítico de hablantes de chabacano asegura que el zamboangueño no desaparecerá. En el resto de Filipinas, allí donde alguna vez hubo características similares al criollo en una interlengua española, la densidad de hablantes de español era relativamente más baja y las identidades comunitarias emergentes no incorporaron elementos lingüísticos del español. Como resultado de esto, los elementos similares al criollo y a la interlengua no se fusionaron y emergieron como dialectos del chabacano.

En el escenario aquí planteado, para explicar la aparición de variedades del chabacano en Ternate, Ermita, Cavite, Zamboanga, etc., no es necesario afirmar que una sola lengua fuente rebotó de una comunidad a otra expandiendo un español criollizado en su recorrido. Muchos de los elementos que finalmente se combinaron para formar los dialectos del chabacano, estaban presentes en las interlenguas basadas en el español utilizadas en la Filipinas colonial. La fusión y retención de un chabacano cohesionado añadido al (o en lugar del) español canónico incluye la afirmación de identidad etnolingüística.

En este sentido, los dialectos del chabacano plasman algo parecido a un sentimiento ANTICRIOLLO en el que la lengua mezclada se retuvo para poder afrontar otras alternativas: una lengua única, ya fuera el español o la filipina.

Al reevaluar la genealogía y tipología de las variedades del chabacano, el caviteño continúa ocupando una posición central, pero ya no como un simple pasillo por el cual circulan las características del ternateño al zamboangueño sino más bien como el lugar donde se combinan circunstancias sociodemográficas y actos de identidad. El resultado es la fusión de una agrupación amorfa de elementos de la lengua española como primera y segunda lengua con el tagalog y con posibles añadiduras (portugués criollo/mardica, chino/criollo portugués, etc.).

Al mismo tiempo que los estudios académicos del chabacano avanzan (alimentados por los descubrimientos de nuevos documentos, trabajo de campo y estudios criollos comparativos) las teorías simplificadoras se muestran cada vez más inadecuadas. No debe sorprendernos que en una nación con docenas de lenguas y miles de islas, la mezcla de lenguas no pueda reducirse a simples ecuaciones. Reconocemos que las presentes observaciones son preliminares y tentativas pero se ofrecen con el espíritu aventurero y de exploración que es parte integral de la cultura filipina.