Duende, Yearning, and Mystery in Poetic Creation
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Alec Madelene Abarro

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Alec Madelene Abarro graduated with a degree in philosophy. She now works for the Metropolitan Museum of Manila.

The Ateneo Art Gallery and the Kalaw-Ledesma Foundation, Inc. partners with Perro Berde as part of the Ateneo Art Awards: Purita Kalaw-Ledesma Prizes in Art Criticism. Each year, two winning writers are selected as contributors by its publication partners, The Philippine Star and ArtAsiaPacific magazine. These two writers will be featured contributors to this annual publication by writing an article of their choice related to Philippine and Spanish culture. This year, the winning writers are Mary Jessel Duque and Alec Madelene Abarro.

Debemos empezar con música.

Si tienes acceso a Spotify, ábrelo ahora. Primero necesito que escuches una canción, ya que es imposible entender del todo lo que estoy a punto de decirte sin música. Quien no tenga acceso a Spotify puede encontrar la canción fácilmente en Internet. Si no tienes acceso ahora mismo a ninguna de las dos opciones, te sugiero que de momento te saltes este artículo y pases al siguiente.

Busca el álbum Usisa[1], recién publicado, de Bullet Dumas, un músico de folk contemporáneo filipino. Clica en la primera canción de la lista, «Tugtog». Escúchala con los ojos cerrados. Ahora deja de leer.

La canción termina. Puedes optar por escucharla de nuevo. O tal vez ya esté sonando la segunda canción mientras lees esto. Siéntete libre de escuchar el álbum entero primero. Vuelve a este artículo una vez que estés listo.

Más abajo está la letra de «Tugtog», la canción que acabas de escuchar. En caso de que no hables tagalo, te he proporcionado una traducción básica que en absoluto plasma sus cualidades poéticas originales. En caso de que seas duro de pelar y aún no hayas escuchado la canción, esta es tu última oportunidad para hacerlo, ya que mi próxima pregunta depende de que la hayas escuchado primero. 

Tugtog
de Bullet Dumas

Solo sueño sueños simples
Aunque mis sueños te incluyan
Lo siento, discúlpame
Lo que he dicho es cierto

No soy bueno evadiéndome
Así que olí tu fragancia
Eres un sueño, un sueño
Ahora un sueño mío 

Tu corazón, mi principio y mi fin
Este corazón tuyo, mi principio y mi fin
Este corazón tuyo, mi principio y mi fin

Mis sueños son bastante simples
Hasta que te conviertes en parte de mi soñar
Lo siento, discúlpame
Lo que he dicho es cierto

Mañana ven y sálvame
Soy la enfermedad para tu cura
Por favor, acepta, por favor, acepta
Por favor, dame ahora la bienvenida a

Tu corazón, mi principio y mi fin
Este corazón tuyo, mi principio y mi fin
Este corazón tuyo, el principio y el fin

¡Por el amor de Dios! Hace mucho frío
Estréchame en tus brazos
Ya que tú provocaste este temblor
Envuélveme y hazme tuyo para que me quede

¡Por el amor de Dios! Hace mucho frío
Estréchame en tus brazos
Ya que tú provocaste este temblor
Envuélveme y hazme tuyo para que me quede

¿Sueño sueños simples
porque estos sueños te incluyen a ti?
Déjame morar, aunque solo sea a la sombra de

Tu corazón, mi principio y mi fin
Este corazón tuyo, mi principio y mi fin
Este corazón tuyo, mi principio y mi fin

Este corazón tuyo, mi principio y mi fin
Este corazón tuyo, mi principio y mi fin
Este corazón tuyo, el principio y el fin

¿Tú también sueñas sueños simples?
¿Estoy, igual que tú, siendo soñado?
Tú eres la causa
Tú eres la causa
La causa de

Para quien no hable tagalo: ¿Te ha sorprendido la letra? ¿Crees que se ajusta a la música que acabas de escuchar? Para el hablante de tagalo: ¿Crees que la música y la letra hacen un dúo armonioso? ¿La palabra con el sonido, el sonido con la palabra?

«Tugtog», el título de la canción, significa 'música' en tagalo. Anong tugtog 'yan? ¿Qué música es esa? Pero también puede transformarse para funcionar como verbo, tugtugin (tocar música) o tumutugtog (música que se está tocando). Llama inmediatamente la atención el hecho primero de la música: la interpretación. Tugtugin mo. Ve a tocar música.

Los hablantes de tagalo quizá habréis notado que tugtog está muy cerca de nuestra onomatopeya del sonido de un corazón latiendo tug-tug... tug-tug... tug-tug... tug-tug. Puede que nuestro nombre para la música sea la transformación de este sonido en una palabra. De modo que podríamos decir que, en tagalo, la música (tugtog) se originó a partir de ritmos cardíacos (tug-tug). Así que tugtugin (tocar música) y tumutugtog (música que se está tocando) tienen connotaciones de latir rítmicamente, de «música del corazón».

Se oye en la canción de Bullet Dumas. Se nota más en el primer y último segundos —el latido percusivo de la guitarra que emula el sonido de un latido del corazón—. Pero escucha atentamente, ya que los ritmos cardíacos son constantes durante casi toda la canción. Intenta escucharlo de nuevo.

La guitarra como latidos; y la música como ritmos del corazón. ¿Pero el corazón de quién? ¿Escuchamos siempre el corazón del cantante o el de su amado? Si no, ¿en qué momento oímos al cantante y al corazón con el que sueña? El cantante comparte con nosotros lo que siente y piensa en su amado en el estribillo. Las sílabas sostenidas de las «oes» en el verso repetido «pusooo mooo ang punoooooo’t dulooo koooo» (tu corazón es mi principio y mi fin) son un lamento lírico, musical —un reclamo del amante a su amado—. 

 

op-Fig.-1-Photo-in-Music-Museum

5 de octubre de 2018; primer concierto en solitario de Bullet Dumas en el Museo de la Música. Sala oscura, una pequeña torre de viejos monitores de televisión en el centro del escenario. Esas luces que ves están fijadas a las sillas, en las mesitas ensambladas y dobladas detrás de cada asiento, una superficie en la que los clientes pueden poner la comida. A pesar de su función práctica, desde mi localidad en el anfiteatro parecían un mar de estrellas para las que cantaba Bullet Dumas y, bajo el suave resplandor anaranjado de un foco, él parecía un sol ardiente flotando en la oscuridad. 

Cuando canta, tiene un toque de aspereza en la voz que recuerda al suave murmullo de la madera, y sentimos la crudeza de la emoción —del deseo en «Tugtog»—; cuando habla, es curioso oír que su voz normal suena casi idéntica a la voz que canta. Así que, cuando actúa, es como si mantuviese una conversación íntima y sincera. 

Esa noche, mientras cantaba, pensé: esto tiene duende.

...

«Tener duende» es una expresión que se escucha en Andalucía, la región más meridional de España. Federico García Lorca, el más célebre poeta y dramaturgo español del siglo XX, habló de ello en su conferencia «Juego y teoría del duende», en 1933. En su región natal de Andalucía, la gente hablaba a menudo del duende, incluyendo a algunas figuras artísticas a las que Lorca admiraba y citó en su conferencia: «“Tú tienes voz, tú sabes los estilos, pero no triunfarás nunca, porque tú no tienes duende”, “Los días que yo canto con duende no hay quien pueda conmigo”, “¡Ole! ¡Eso tiene duende!”». La cita más reveladora pertenece al gran cantaor Manuel Torre: «Todo lo que tiene sonidos negros tiene duende».

Lorca se basa en esto y afirma: «Y no hay verdad más grande. Estos sonidos negros son el misterio, las raíces que se clavan en el limo que todos conocemos, que todos ignoramos, pero de donde nos llega lo que es sustancial en el arte». El poeta continúa: «Así pues, el duende es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar. Yo he oído decir a un viejo maestro guitarrista: “El duende no está en la garganta; el duende sube por dentro desde la planta de los pies”. Es decir, no es cuestión de facultad, sino de verdadero estilo vivo; es decir, de sangre; es decir, de viejísima cultura, de creación en acto». El duende, según lo describió Lorca, es una fuerza de creación artística surgida de la lucha, una criatura que mora en los «sonidos negros», y sin la cual toda emoción auténtica es imposible. El duende de Lorca se extiende incluso a la lengua inglesa. Una entrada en el Oxford Dictionary define «duende» como «cualidad de pasión e inspiración»[2].

Pero el duende es, ante todo, una criatura de leyenda. Aquí tenemos también nuestro propio dwende, tal vez emigrado de las leyendas españolas, y, al igual que en las leyendas españolas, nuestro dwende local es un espíritu travieso de la tierra, que parece un hombre pequeño, viejo. Las historias de dwendes que se me transmitieron los describían como juguetones y consumados embaucadores que juegan con los niños y destruyen objetos domésticos tales como platos, vasos y sillas. Los dwendes se ofenden fácilmente y secuestran a los niños sin previo aviso. Algunas veces echan maldiciones que causan sarpullidos, hinchazón de los pies e incapacidad para moverse y levantarse de la cama. Los dwendes viven en un punso (montículo u hormiguero) que se encuentra en los bosques o en un lugar con muchos árboles, por lo que a veces se les llama nuno sa punso (viejo del montículo). Siempre se enfatiza la importancia de decir tabi-tabi po cuando pasas por una zona donde pueda residir un dwende. La expresión tabi-tabi po (literalmente «ten la amabilidad de echarte a un lado») significa 'por favor, discúlpame' o 'permíteme pasar' y debe ser pronunciada en el aire para no ofender y provocar la ira del dwende invisible.

La conexión duende-dwende me llevó a buscar al duende autóctono para entender mejor el duende andaluz tal y como lo describe Lorca. Lógicamente, el mejor lugar para encontrar al dwende es en su casa, el punso. Como estamos hablando del dwende como fuerza de creación artística, fui a visitar una recreación artística del punso (también para ir sobre seguro). 

op-Fig.-2-Photo-of-Zeus’-Artwork
Zeus Bascon,
Tabi-tabi po (Sa Punso i)
Mantas de segunda mano teñidas, bordado en tela brillante,
hilo, espuma, cremallera, encaje, tubo de acero inoxidable, tubo galvanizado, barra redonda, luces LED, cable eléctrico, altavoz
y sonido. Dimensiones variables, 2014, colección del artista. Foto cortesía del artista

Entrar en el punso es complicado debido a su tamaño. Hay una pequeña caja de madera para sentarse. Cualquiera que entrara se vería obligado a agacharse, con las rodillas en el pecho, la barbilla en las rodillas, la columna doblada. De repente te conviertes en el duende, o dwende, o nuno. En el interior, en las suaves y brillantes paredes rojas, está escrito un poema secreto:

Guarda silencio, cigarra
en el Reino de la Fantasía

Una plétora para ver
varios seres encantados

Guarda silencio, cigarra

Desconcertante, perturbador

Guarda silencio, cigarra

¿Dónde, oh, dónde está?

Guarda silencio, cigarra
Guarda silencio, cigarra

En la morada del dwende hay una intensa sensación de incertidumbre. Aquí no hay dwende, solo un mensaje y el canto incesante de los grillos. Sin embargo, en este «Reino de la Fantasía / Una plétora para ver / varios seres encantados», sentimos que hay algo que debemos descubrir. El punso no ofrece ninguna pista de lo que es, únicamente nos deja con la pregunta apremiante de «¿Dónde, oh, dónde está?», dicha en un tono de añoranza y frustración. Pero, ¿qué es «eso» que el poema nos pide que encontremos? Ir a conocer al duende a su casa es, pues, comenzar la lucha con el misterio, con los sonidos negros.

...

En lógica progresión, el siguiente lugar para buscar el duende es, por supuesto, la propia obra de Lorca. El libro de poesía más conocido de Federico García Lorca, Romancero gitano, se publicó por primera vez en 1928 y fue muy apreciado tanto por los intelectuales como por el pueblo llano. Su popularidad fue tal que hubo que publicar una segunda edición en el plazo de un año, a la que siguieron otras seis en los años treinta. El libro trajo a Lorca fama nacional e internacional. A continuación, uno de los poemas más conocidos de la colección:

Romance sonámbulo
de Federico García Lorca

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura,
ella sueña en su baranda
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?...
Ella sigue en su baranda
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

Compadre, quiero cambiar,
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo.
Ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua. 

• 

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada. 

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe,
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna,
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos,
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

La chica está esperando a alguien. El hombre que sangra, ¿es su amante? Sin embargo, está sangrando, y muy probablemente a las puertas de la muerte. ¿Por qué está intercambiando objetos prácticos, de trabajo (caballo, silla de montar, cuchillo), por objetos domésticos (casa, espejo, manta)? Sentimos que se han citado. Ambos están arriba, en las barandas —la baranda verde de ella y los barandales de la luna de él—, pero no en el mismo lugar.

El poema tiene el tono de una anécdota personal, pero está ligado a una incertidumbre narrativa y al aire surrealista de un sueño. Esto es, de nuevo, al igual que entrar en el punso, la experiencia de un misterio, de un misterio en verde: una chica verde, barandas verdes, viento verde, ramas verdes y verde amoroso a secas: «Verde que te quiero verde».

Observemos más de cerca este verso, repetido una y otra vez, como una invocación del color verde. Consideremos el siguiente poema, que lidia con las complejidades de traducirlo. Es también una exploración del tema poético del verde.

Shades of Green [Tonos de verde] *3
de Christopher Maurer

Verde que te quiero verde.
Verde te quiero verde.
Verde te deseo verde.
Verde, verde, te deseo.
Verde cómo te deseo verde.
Verde, cómo te quiero verde.
Verde, es tu verde lo que yo quiero.
Verde, verde, ¡cómo te quiero!
Verde, oh, te deseo verde.
Verde como querría que fueras.
Verde, como yo te quiero, verdemente.
Verde, porque te tendré verde.
Verde, verde, te quiero verde.
Verde oh cómo te quiero verde.
Verde, verde, ¡qué intensamente verde!
Verde, como querría que fueras verde.
Verde, cuánto te deseo verde.
Verde, cómo te necesito ahora, verde.
Porque es verde que te deseo, verde.
Verde crece mi amor, mi amor crece verde.

En el original español, el verde es puramente verde y no se atribuye a un «yo» ni a un «tú» específicos. En el poema Romance sonámbulo, el verde se asigna como cualidad a sus diferentes sujetos: viento, ramas, carne, pelo, barandas, etc. Pero el verde en sí mismo sigue siendo un símbolo no especificado y enigmático. Entonces, la invocación en el repetido verde que te quiero verde es un verso de verde puramente amoroso y deseante. Nos recuerda al «¿Dónde, oh, dónde?» (Nasaan na nga ba?) del punso —ambos un deseo sin objeto—.

En la conferencia sobre el duende, Lorca dice: «Hemos dicho que el duende ama el borde, la herida, y se acerca a los sitios donde las formas se funden en un anhelo superior a sus expresiones visibles». Así que para tener duende, es esencial tener un anhelo puro que alcance a los que están envueltos en misterio. Para «un verdadero estilo vivo», el artista debe ir más allá de los límites de lo que conoce, hacia lo incomprensible, e inspirarse en los sonidos negros.

… 

Eso es solo el principio, ya que Lorca nos revela que para que el duende llegue de verdad debe «ver posibilidad de muerte, saber que ha de rondar su casa, tener la seguridad de que ha de mecer esas ramas que todos llevamos y que no tienen, que no tendrán consuelo».

Lorca advierte que no hay «mapa ni ejercicio» cuando se busca el duende. Pero ofrece una pista definitiva: la conciencia de la muerte. Para tener duende, el artista debe enfrentarse al hecho brutal de su propia muerte. Lorca no se refiere al hecho de morir en sí mismo, ni quiere decir que hay que rodearse de muerte literal por el bien del arte. Pone como ejemplo al torero. Un verdadero torero no es aquel que se preocupa por sobrevivir, sino aquel que hace olvidar al público que está jugándose la vida. Tampoco se trata de la excitación morbosa ni de la emoción de la violencia. Un verdadero torero se preocupa por el arte de la danza en sí: los ritmos de sus muletas rojas y su baile sobre la arena. La conciencia de la muerte es, pues, aceptar que la muerte puede llegar en cualquier momento, y dejar atrás ese hecho. 

Suena contraintuitivo: solo reconociendo lo innecesario de tu ser serás capaz de trascender la muerte. Toda existencia, incluida la del artista, es contingente —nada más que un nacimiento azaroso en un universo accidental—. Para que el duende llegue, debes mirar fijamente al vacío astronómico y escuchar sus oscuros ecos. Enfréntate a la nada de la muerte como si estuvieras mirando a un pozo oscuro en una noche negra, o al abismo del infinito cuando cierras los ojos. Solo navegando a través de estas aguas oscuras puedes darte cuenta de que no necesitas ser, pero, aun así, eres. Ver ambos lados de la existencia: accidente y milagro a un tiempo. He aquí la verdad: para entender realmente el milagro de tu nacimiento tienes que entender, también, su imposibilidad. Solo entonces comprenderá el artista la gravedad de estar vivo y, gracias a esa comprensión, adquirirá un compromiso apasionado que no se acobarde ante lo inefable.

Así que a rastras seguimos, a pesar de las heridas de una fuerza oscura e invisible, armados solo con las palabras tabi-tabi po (permíteme pasar) y nuestra imaginación. Nos empuja ese sentimiento del «¿Dónde, oh, dónde?», ese anhelo, ese anhelo puro e interminable de verde. Verde que te quiero verde. El misterio inagotable.

En 1933, en Buenos Aires, donde Lorca dio por primera vez la conferencia sobre el duende, el poeta dibujó el retrato de un marinero. Un largo tallo se derrama del ojo derecho del marinero y un pequeño capullo cae sobre el hueco de su cuello —una dolorosa y hermosa maravilla—. En la esquina inferior derecha del papel, Lorca escribe: «Solo el misterio nos hace vivir. Solo el misterio».

...

Empecé a escribir esto habiendo encontrado ya el duende en la música de Bullet Dumas. En «Tugtog», la canción compuesta a partir del sonido suave y crudo de un latido. Ve a escucharla otra vez. Concéntrate en el último verso —esa frase inacabada—. El cantante se queda en silencio frente a su anhelo. Y todo lo que oímos es de nuevo ese pequeño latido cuyas vibraciones golpean nuestro pecho y viajan por nuestras venas, hasta las plantas de nuestros pies en la tierra.

Dentro del punso (montículo), no nos convertimos en el duende, sino en el kuliglig (cigarra) al que se pide silencio en el reino de la plétora. Este silencio no es la nada, es como el espacio negativo que completa la composición de un dibujo. Es el vacío del aire donde los ecos pueden viajar hasta las paredes y rebotar, y de donde viene la música. «Guarda silencio, cigarra» no llama a una ausencia de sonido sino a un silencio fértil, como dentro de la caja hueca de una guitarra. Solo en ese vacío puede sonar la música, y pueden ser revelados los ritmos. 

1. Bullet Dumas, Usisa, Wombworks Audio Productions, 2018.
2. Oxford English Dictionary Online, Oxford University Press, julio de 2018, https://en.oxforddictionaries.com/definition/duende, consultado el 10 de octubre de 2018.
3. Christopher Maurer, «Shades of Green», en Romancero gitano / Gypsy Ballads de Federico García Lorca, trad. Jane Duran y Gloria García Lorca, Enitharmon, Londres, 2011, p. 36.

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