Nicolás Combarro
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Arquitectura de resistencia

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Arquitectura y resistencia_Manila

Arquitectura puede considerarse toda forma de construcción, de alteración del paisaje, realizada por la mano del hombre. La arquitectura popular es indisoluble a la identidad cultural de una sociedad y su análisis nos sirve para extraer claves sobre su contexto socioeconómico, estético, técnico, etc. Mi trabajo busca una comprensión directa de muchos de estos elementos a través de la observación, la documentación y el análisis de las formas arquitectónicas que encuentro en mi práctica. En especial en lugares a los que no pertenezco culturalmente, como es el caso de Filipinas y en concreto la ciudad de Manila, esta investigación me permite acercarme a su realidad, a la de los habitantes y los constructores de un tipo de arquitectura directa que mezcla la lógica estructural con raíces constructivas y estéticas populares locales. 

Gracias al apoyo de la Embajada de España en Filipinas y al Ministerio de Cultura español he podido realizar dos extensos viajes de investigación que me han permitido desarrollar una mirada hacia una parte de la realidad arquitectónica de la ciudad a la que normalmente no se atiende y que no se documenta. Parte de esta investigación se ve reflejada en este porfolio que muestra una selección de construcciones encontradas en diversas localizaciones en la ciudad de Manila. El rango es amplio y diverso. Podemos observar construcciones de mayor envergadura que constatan la estética del momento en que fueron construidas y que ya no existen, como el Mandarin Oriental Hotel (ejemplo de arquitectura brutalista local), aunque en este trabajo se ha prestado especial atención a edificaciones autoconstruidas, es decir, realizadas directamente por los propios habitantes. En este apartado existe una amplia mirada, desde arquitectura más antigua que todavía presenta rasgos de elementos vernaculares hasta arquitectura popular contemporánea realizada con los medios al alcance. También podemos observar ejemplos de arquitectura efímera, como estructuras auxiliares, obras en construcción, que en muchas ocasiones son ejemplos de reciclaje y de una gran espontaneidad que salpican el paisaje de la ciudad. 

Cabe destacar en este trabajo la inestimable colaboración de la artista local Wawi Navarroza. Además del aporte de sus conocimientos y sus contactos con respecto a la temática concreta que yo he abordado, su propio trabajo ha incidido en aspectos urbanos de Manila concomitantes a mi investigación. Así, a través de su proyecto Hunt and Gather, Terraria, Navarroza buscó, fotografió y archivó plantas urbanas de crecimiento salvaje para crear microsistemas donde estas plantas se presentan al público. Es también muy destacable el libro del mismo título, donde extiende el proyecto con textos y una mayor profundización en la temática.

En la selección que se presenta en esta publicación no se busca una tipología concreta ni representar la totalidad de la arquitectura de la ciudad. Es un acercamiento subjetivo, en cierto modo aleatorio, fruto de meses de derivas arquitectónicas por las calles de Manila y fructíferos intercambios sobre esta temática con importantes actores locales como Paulo Alcazaren o Carlos Celdran. Gracias a ellos he podido comprender mejor la idiosincrasia de la ciudad y confirmar nociones intuidas durante la investigación. Esto es, una arquitectura espontánea, una inteligencia orgánica que proviene de la tradición de habitar en comunidad, el reciclaje, la artesanía, la solidaridad y una ecología urbana espontánea.

La serie Arquitectura y resistencia_Manila es, por tanto, un archivo informal compuesto por una colección de fotografías que documentan diferentes formas de arquitectura local. A partir de este archivo se han realizado una serie de derivaciones como el collage, también presente en este porfolio, que mezcla realidad y ficción, fotografía y dibujo, dando lugar a estos «poscroquis», utopías anarquitectónicas que funcionan como símbolos antimonumentales.

Nicolás Combarro (La Coruña, 1979) emplea diferentes formas artísticas como la intervención, la fotografía o el collage para generar un diálogo con el espacio construido. Su obra ha sido expuesta individualmente en museos como la Maison Européenne de la Photographie (París), el CGAC (Santiago de Compostela), el MARCO (Vigo), el Palexco (La Coruña), el Institut Français (Madrid) y la Oficina Cultural de España en México, y en galerías como la Solo Galerie (París), la Galería Moriarty (Madrid), la Kwanhoon Gallery (Seúl), la Galería Carles Taché (Barcelona) o la Pablo Gallery (Manila).

Ha realizado piezas site-specific para la I Bienal de Manila —en colaboración con Wawi Navarroza—, Tabacalera (Madrid), Kreativquartier (Múnich) y el 42 Salón Nacional de Artistas (Cartagena de Indias), y ha participado en el Pabellón de España de la XV Bienal de Venecia de Arquitectura, galardonado con el León de Oro.

Es autor del largometraje Alberto García-Alix. La línea de sombra, que fue estrenado en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y mostrado en festivales internacionales como los de Chicago, Guadalajara —premio al mejor documental—, Buenos Aires (BAFICI), Toulouse —premio al mejor documental—, Washington (National Gallery of Art), Los Ángeles, Cali y Nueva York (Anthology Film Archives), entre otros.

Ha obtenido becas y premios como el 20.º FotoPres “la Caixa”, el Laureat de la Cité Internationale des Arts de París, el Premio Festival Off Saab de PHotoEspaña a la mejor exposición y el Primer Premio de Fotografía Injuve, entre otros, y ha publicado los libros Interventions (RM), Arquitectura y resistencia (Cabeza de Chorlito) y Arquitectura espontánea (Fundación Bancaria “la Caixa”).

Arquitectura de resistencia

Arquitectura de resistencia es un término que empleo para hablar de este tipo de construcción espontánea donde se mezcla la lógica estructural con la herencia cultural. Una arquitectura libre que representa en sí misma una forma de resistencia frente a condicionantes económicos, sociales o políticos. También se refiere a construcciones tradicionales, o que mantienen elementos vernaculares, que resisten en pie, a pesar de haber sido olvidadas o invisibilizadas.

Este tipo de construcciones permiten entender otras formas de edificar, lejos de las arquitecturas monumentales y grandes planes urbanísticos, donde lo que prima son los medios y la intención de su creador. Edificaciones con una estética propia que reivindican su existencia y nos empujan a mirarlas, entenderlas, asimilarlas, rompiendo una visión cada vez más uniforme e idealizada de la arquitectura. Este trabajo mira y muestra estas formas arquitectónicas para extraer de ellas una estética a partir de la realidad constructiva popular a la que casi no se atiende.

La fotografía es un instrumento excepcional para registrar y estudiar estas edificaciones, permitiéndonos una mirada activa. Este trabajo no pretende abarcar o limitar todas estas formas arquitectónicas, ya que su propia diversidad lo impide, ni tampoco categorizarlas. En el trabajo de observación descubrimos formas y materiales locales, exclusivos, pero también encontramos muchos elementos comunes, transversales, que nos llevan a comprender una lógica constructiva popular que trasciende fronteras geográficas y políticas. Una realidad arquitectónica viva que genera a su paso un lenguaje propio. 

Autoconstrucción es un término que describe las edificaciones realizadas directamente y de manera autosuficiente por quienes las van a habitar o por la comunidad que las acoge. Estas edificaciones están construidas generalmente de manera no reglada y solo atienden a su misma existencia y resistencia. El hecho de realizar sus propias construcciones confiere a los creadores la posibilidad de decidir cómo construyen, siempre en función de sus posibilidades. Algunas veces forzados por su situación económica o por el acceso limitado al terreno donde se generan sus edificaciones, y otras por puro ingenio, la capacidad de estos constructores para crear estructuras arquitectónicas originales rompe con la cada vez más extendida vocación uniformadora de la arquitectura actual: una tendencia generalmente controlada por criterios pragmáticos y miméticos alejados de una identidad individual o de pequeños colectivos. De igual manera, la sencillez e inmediatez que rodean a la autoconstrucción contrastan con los excesos de la arquitectura monumental o comercial contemporáneas. Frente a esa arquitectura grandilocuente se contrapone una alternativa crítica que reivindica la autoconstrucción, tanto en su corriente vernácula como en sus derivaciones contemporáneas, con las directrices que marcan los propios constructores o sus comunidades.

Así ocurre también con los materiales autoconstructivos: son diversos e incluso inesperados, aunque podemos encontrar patrones entre ellos. Los elementos decorativos de la autoconstrucción son heterogéneos. En algunas ocasiones estos pueden resultar excesivos y, en otras, lo que llama la atención es su total ausencia, pero siempre atendiendo a la voluntad o posibilidad de quien los emplea. También en el uso de los materiales observamos la alternancia o convivencia entre raíces culturales profundas e incorporaciones contemporáneas, así como elementos tanto locales como internacionales.

En la autoconstrucción también observamos una gran presencia de materiales ligeros y reciclados, generalmente como complemento o empleados en construcciones auxiliares. Estos son muy diversos: plástico, madera, tela, etc. Su empleo y reutilización responden a la creatividad o necesidad de los nuevos usuarios. El uso de este tipo de recursos alcanza su máxima expresión cuando se trata de arquitecturas efímeras. Así nos referimos a un tipo de arquitectura realizada de manera ocasional, sin pretensión de durabilidad. En este grupo se incluyen casetas de obra o de vigilancia, almacenes improvisados, garajes, etc. Unidades mínimas de construcción, originales y livianas, que expanden los límites de lo que tradicionalmente se entiende por arquitectura, incorporando ideas y técnicas provenientes del saber popular y recursos inmediatos.

Tanto en los materiales como en las propias autoconstrucciones es importante observar la relación entre las formas arquitectónicas contemporáneas populares y las edificaciones vernaculares o tradicionales. Muchas autoconstrucciones vernáculas que resisten en pie lo hacen en un estado precario, dado que su uso se ha extinguido y su apariencia es de descomposición. Edificaciones cuya vigencia está puesta en tela de juicio y su conservación como parte del patrimonio arquitectónico no es reivindicada. Parece ilógico que, en la descontrolada carrera hacia lo nuevo, se dejen atrás estructuras tan significativas del saber popular. Son elementos muy importantes para la comprensión de un tipo de construcción adaptada al medio ambiente local, con materiales autóctonos y con técnicas en peligro de extinción. Aunque poco a poco hay un mayor esfuerzo por la preservación del patrimonio arquitectónico, este suele enfocarse a arquitecturas monumentales y raramente a autoconstrucciones o pequeñas arquitecturas tradicionales, donde reside gran parte de la sabiduría popular.

La arquitectura de resistencia se reivindica por su propia existencia. La autoconstrucción es probablemente una de las actividades que más une a las personas y a las comunidades. Es un claro exponente de sus habitantes, un acervo cultural e identitario que nos puede servir de códice siempre que prestemos la suficiente atención para poder descifrarlo. Este trabajo quiere activar la mirada de quien observa estas construcciones, ya sea las que aquí se presentan como las que nos encontramos a nuestro paso, apreciando sus cualidades y singularidades. A partir de esas formas que resisten en una realidad arquitectónica cada vez más monótona y alienada se pueden generar nuevos cuestionamientos. A diferencia de la idea arquitectónica clásica, donde la estructura se genera desde la teoría, esta podría nutrirse más de la realidad arquitectónica popular subyacente en estas edificaciones: una lógica constructiva, mezcla de instinto y experiencia, que genera continuamente nuevas arquitecturas y resiste ante dictaduras estéticas y prejuicios.

This publication is commissioned by the Embassy of Spain in the Philippines in conjunction with the Spanish Cooperation through the Spanish Agency for International Development Cooperation (AECID). The views expressed herein are the sole responsibility of the authors and do not necessarily reflect the views of the AECID nor of the Embassy.

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